Nadar inteligentemente; lección de negocios.

Soy aficionado a nadar, me encanta hacerlo con seriedad y dar mi mejor esfuerzo para practicar los distintos estilos –crawl, pecho, dorso, mariposa.  Voy a la Nelson Vargas un par de veces por semana, donde un entrenador/profesor dirige a mi grupo, nos corrige los defectos, enseña técnica, forza a hacer un esfuerzo extra en cada sesión y trata de obtener lo mejor de cada uno,

Estuve nadando un tiempo en la alberca del Tec Estado de México, mi alma máter, pero la dejé porque su estilo escuelita, donde el énfasis está en seguir el reglamento antes que estimular a sus nadadores a ser mejores, no es lo que busco; soy nadador recreativo, sí, pero eso  no quiere decir que busque un lugar de alberca espectacular y mínima atención en el estilo y técnica de los alumnos…    Total, que volví a la Acuática y ¡gratísima sorpresa!   Sus maestros me han corregido montones de errores en la técnica, que en la “otra” (je, je) ni se fijaron.

Sin embargo, ayer recibí la mayor lección de todas, justamente con un maestro suplente, que además es el entrenador de la selección (dirás que cuánto prólogo, pero me gusta mencionar detalles relevantes).  Resulta que Luis hizo el comentario de nadar inteligentemente, y me pareció medio sangrón.  Inteligentemente sonaba a rollo motivador, de ese tautológico que no sirve de nada.  Pues, vaya sorpresa que me llevé.   Por inteligentemente se refería a poner la mente en hacer las cosas con un objetivo, modificando el estilo, la brazada, la respiración, la patada, para lograrlo; pero, para saber cómo es ese objetivo, nos pidió hacer un par de cosas como mover el brazo o simular la patada de un balón bajo el agua, para saber cómo se siente impulsarse, o poner las manos a la altura de los hombros sobre la orilla de la alberca e impulsarnos para arriba hasta sacar todo el torso, para saber cómo debe sentirse el jalón en la brazada de mariposa –por mucho la más espectacular pero también la más compleja en su ejecución correcta.

Ahí me quedé mudo, no sólo por el valor de lo aprendido para mi técnica, sino para mi vida profesional.  Me gusta ser exitoso; me gusta que las marcas, los equipos de venta, las organizaciones sean exitosas. Pero la práctica es usar frases de estímulo como “hagámoslo con entusiasmo”, “busquemos la satisfacción del cliente”, “ganar es la meta”, y sin embargo, son sensaciones que difícilmente conocemos solas, por lo que no tenemos una idea clara de lo que se siente lograrlas o irlas alcanzando.

¿Cómo resumo el aprendizaje sobre Nadar Inteligentemente?  Simple. Para que la organización, la marca, los equipos de ventas sepan que están actuando y se están acercando, debemos darles a conocer cómo se siente; cómo se siente la satisfacción del cliente; cómo se siente cerrar una venta; cómo se siente tener una marca líder.  Sí, es un reto enorme, pero haciendo memoria lo he vivido en mi carrera y sí, se aprende mejor cuando uno vive el cómo se siente.   Cuando fui parte de Teradata, tuve el gusto de participar en un programa de formación donde vivimos la experiencia de un proyecto real con clientes, problemas, necesidades, obstáculos, pero todo en un ambiente controlado, con observadores y maestros que nos ayudaron a entender mejor lo que estaba pasando y por dónde llevarlo.  Aprendí más en esa semana que en muchos meses de formar parte de proyectos con clientes.

Nadar inteligentemente. Vender inteligentemente. Servir inteligentemente. ¡Guau!   Ahpra que esté en Contact Fórum Monterrey, aprovechando que voy a dar un seminario sobre Administración de Relaciones con Clientes orientada a los objetivos del negocio, profundizaré en el tema.  Ya estuvo bueno de “esforcémonos más, equipo”, o de simple “trabajar inteligentemente”. Es el momento de enseñar cómo se siente, cómo es ser bueno en la actividad, para que cada uno adecúe su estilo y haga las correcciones necesarias, sobre el camino, para llegar inteligentemente a los resultados, a sus objetivos y, por ende, a ser más fregones en lo que hacen.

Para despedirme, un video de Michael Phelps, en una de las veces que rompió un record mundial. Creo que él nada inteligentemente, si no pregúntenle al nadador que quedó una centésima atrás de él.

Phelps rompiendo el récord mundial de 200m mariposa, en marzo 2007.

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